Rompiendo el techo de cristal: participación de las mujeres en la UCV



Hoy día es común ver a las mujeres desempeñando diferentes roles en la sociedad. En cualquier ámbito laboral, social y educativo hay participación femenina, siendo la universidad uno de los lugares donde se destacan. Para nadie es extraño ver cómo son mayoría en las aulas de clase, en los actos de grado y en ambientes de trabajo. Y a pesar de que todavía se habla de exclusión y discriminación, nada es comparable a lo que vivían las mujeres en siglos pasados.



Por: Iván Sandoval

            Glenda González




Una inesperada visita al Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) en vísperas del Día Internacional de la Mujer, coincidió con el de unos guardespaldas de una alta funcionaria del Gobierno Nacional que vino a realizar un chequeo rutinario, previo a la asistencia de su jefa al evento que organizó esta institución para conmemorar tan importante fecha.

Este acto, que contó con la presencia, en carácter de figura central, de Alda Facio, renombrada jurista, escritora y docente costarricense que ha dedicado su vida a la defensa de los derechos de la mujer, es una prueba de que la UCV pone en práctica la ‘sororidad’, término que las feministas han hecho suyo y que se refiere a la capacidad de unirse en favor de sus causas comunes, más allá de sus diferencias políticas, sociales y culturales.

Lea: El Feminicidio  máxima expresión de  la violencia de Género

Aunque actualmente la UCV actúa como agente articulador del movimiento feminista en Venezuela, no siempre fue así. De hecho, la incorporación de las mujeres al claustro universitario fue tardía en comparación a universidades de otras naciones latinoamericanas, debido principalmente a circunstancias políticas específicas.

Guillermo Furlong, en su libro ‘La Cultura femenina en la época colonial’, señala que la educación de la mujer no fue ni pobre ni deficiente en América antes de 1810. Sin embargo, en Venezuela la situación era otra. Idelfonso Leal comenta en su libro ‘Historia de la UCV’, que en nuestro país la formación de este género no fue próspera.

Leal expresa que no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XVIII cuando aparecieron las primeras Escuelas de Niñas Educandas. Para 1907 habían 16 de estos colegios. 
Imagen referencial
En el caso específico de la UCV, debieron transcurrir 172 años desde su fundación para poder ver a las primeras mujeres graduadas. Se trató de las hermanas Duarte (Adriana, Delfina y Dolores), quienes egresaron en 1893 con el título de Agrimensor por decreto del Congreso Nacional.   



La profesora Isabel Zerpa, directora del CEM, afirma con convicción que la participación de la mujer en la historia de nuestro país ha sido “significativa”; sin embargo, expresa que la misma no se visibiliza -otra palabra importante dentro del argot que lucha por los derechos del género- . 


"Su participación", destaca, "ha sido relacionada sobre todo con la “experiencia del cuidado, al final de las tropas”.


Zerpa indica que esta injusta categorización se puede apreciar en celebraciones tradicionales como la danza de los Diablos de Yare o el Entierro de las Sardinas, donde las mujeres deben observar de lejos a los protagonistas, a pesar de ser quienes organizan casi todos los aspectos de la fiesta.


Isabel Zerpa, directora del CEM-UCV

Esta visibilización sesgada continuó a principios del siglo XX, etapa en la que según la directora del CEM, la participación de la mujer fue importante en varios ámbitos, principalmente en la lucha contra las dictaduras de Juan Vicente Gómez y de Marcos Pérez Jiménez.

Durante esta época, señala la profesora, las mujeres fundaron grupos relevantes que lucharon contra la opresión de estos regímenes, al tiempo que fomentaban la conciencia sobre valores universales de la humanidad, como la libertad y el rol protagónico que debían tener en la conducción del país.

Es dentro de este contexto de lucha por la democracia y la libertad cuando ocurren cambios importantes que permiten la entrada masiva de mujeres a la UCV. 

Hasta 1936, sólo tres mujeres, además de las hermanas Duarte,  habían podido graduarse en la Universidad Central: María de Jesús Lión (Odontología, 1904), María Fernández Bawden (Farmacia, 1924); y Lya Imber (Medicina, 1936). 


María Fernández Bawden, graduada en Farmacia (1924)



Entre ellas, cabe destacar el caso de Lya Imber, primera mujer en obtener un título en Medicina y cuya inscripción, como bien narra Idelfonso Leal, causó un revuelo atípico en la Caracas aldeana. 


Lya Imber, graduada en Medicina (1936)

Aunque recientemente la doctora Sonia Hecker, como parte de la colección ‘Periodismo y Memoria’, reveló que seis años antes una guatireña, de nombre Sara Bendahan, había sido la primera mujer en graduarse de esta profesión. 


Sara Bendahan

En la década siguiente, entre 1937 y 1947, de un total de 2 452 egresados de la UCV en todas las facultades, 107 mujeres (un 2,38%) recibieron títulos académicos.

Para esos tiempos, la presencia de las mujeres en la academia era tan rara que se convertía en noticia publicable por la prensa nacional, algo impensable actualmente debido a la cantidad de mujeres que reciben títulos académicos. 


El diario venezolano Últimas Noticias, por ejemplo, publicó en varias ocasiones: 


"Por primera vez se gradúan juntas 6 mujeres de doctoras en Ciencias Políticas en la Universidad Central". 

"Egresadas 18 alumnas de la Escuela de Trabajadoras Sociales de la Promoción ‘Celestina Salduondo". 


Sin embargo, una de  las noticias que más llamó la atención -y que se toma como muestra de los esquemas discriminatorios de aquella época en cuanto a género y raza- fue la que se hizo en ocasión del grado de la primera mujer afrodescendiente que recibiera el título de médica en la UCV. 

El titular dice: Primera Mujer de color que vestirá la bata blanca en Venezuela. La entrevista la realiza el periodista Martín Martínez a la señorita Josefina Bringtown.

Veinte años después, la participación de la mujer en la UCV había dado un giro radical: Un total de 700 habían logrado vestir la toga y el birrete. Para 1964, de los 18 881 estudiantes del claustro universitario, 6 263 eran féminas. 

Las facultades con más mujeres dentro de sus aulas eran: Medicina -sin contar a las enfermeras-, Humanidades, Economía y Derecho. Todas con más de mil representantes. 

Leal explica que la dictadura trababa el ingreso de las mujeres a la UCV, ya que se debía pagar fuertes cantidades de dinero por concepto de matrículas y exámenes. Los gobiernos democráticos que siguieron acabaron con esto y multiplicaron los centros de estudio a todos los niveles.

En los años 80, según explica la economista Adícea Castillo, una de las fundadoras del CEM, la mujer se incorpora al magisterio y a los sindicatos. Ya para la década de los 90, agrega, el género femenino ocupa el 60% de los cupos de pregrado y el 63% de los de postgrado. 

Cuando se le consulta a la directora del Centro de Estudios de la Mujer por la participación de este género en el claustro universitario salen de su boca tres adjetivos, uno detrás de otro: “Mayoritario, fundamental, vital”. 


Especifica que en casi todos los ámbitos de la universidad académico, gerencial, administrativo, docente y obrero, las mujeres han alcanzado una paridad con respecto a los hombres. 

Incluso en carreras como ingeniería, se puede observar, agrega, una distribución equitativa de ambos géneros. Un avance importante si se toma en cuenta que en 1944 se graduaron las dos primeras mujeres en esta licenciatura.

Según un trabajo de grado publicado en 2008 por tres egresados de la UCV -Neil Garrido, Martha Lascano y María Gabriela Pérez-, las 11 especializaciones de ingeniería que se imparten en la UCV presentaban una paridad de casi 50 por ciento entre los géneros. Incluso, en cuatro de ellas las mujeres eran mayoría.

Sin embargo, la satisfacción de la profesora Isabel Zerpa no es plena. Señala que aún hay obstáculos que superar como el llamado ‘techo de cristal’, limitación velada que sufren las mujeres y que les impide ascender a los cargos gerenciales más importantes. Prueba de esto, añade la profesora, es que todavía son mayoría los decanos y directores masculinos.

Zerpa sostiene que en esta nueva etapa política del país, al menos  en teoría,  han ocurrido “cosas interesantes”, no obstante considera que le falta preparación y conciencia a los funcionarios que la hacen cumplir. 


En este sentido propone “trabajar con la ciudadanía para darle sentido a la ley” y menciona una frase que sintetiza el camino a seguir: “Si queremos darle poder -a las mujeres-, tenemos que darle herramientas”.    

La feminización de la universidad en retrospectiva


En el siglo XIX la mujer en Venezuela solo podía optar a ingresar a la educación primaria y quizás alcanzar la secundaria para enriquecerse culturalmente, ir a la escuela normal o a la de bellas artes. Por ello, no aparecen mujeres en las aulas universitarias de las para entonces creadas universidades de Caracas y Mérida.

"La educación superior no fue un espacio considerado propiamente "femenino", constituyendo uno de los ámbitos privilegiados de reproducción de las desigualdades de género en el fortalecimiento de la división sexual del trabajo.  De esta forma, los varones accedían a los estudios superiores como parte de su integración exitosa a la esfera pública y al reconocimiento social, mientras las mujeres eran invisibilizadas en la esfera privada y asignadas a las tareas propias de la reproducción y cuidados de la familia y el hogar."

Cabe preguntarse, en consecuencia,  por qué es en el siglo XX cuando los sociólogos de la ciencia ubican el inicio de un movimiento efectivo de la mujer para intervenir de forma más activa en la vida ciudadana. 

Específicamente, en Venezuela, la rápida expansión económica hizo necesaria la incorporación, en las distintas esferas ocupacionales, a todo aquel que fuera capaz de manejar conocimientos técnicos; y como los hombres no cubrían la demanda, las mujeres capacitadas fueron llamadas a participar. Además, para esa época ya se había iniciado un cambio de actitud en las venezolanas

La masiva participación femenina alcanzó el ámbito educativo y varios factores influyeron en ese fenómeno:


A diferencia de otros países de la región, la entrada masiva de mujeres a la universidad venezolana no se debió a la eliminación de restricciones legales, ya que formalmente nunca las hubo, o a que el Estado creara programas especiales para estimular su ingreso (que tampoco han existido). El fenómeno coincidió con cambios económicos, políticos, y sociales ligados a dos acontecimientos trascendentales: petróleo y democracia.

El descubrimiento del pozo Zumaque en la costa oriental del lago de Maracaibo en 1914 y la muerte de Juan Vicente Gómez en 1935 son hechos paradigmáticos que marcaron cambios importantes y dieron apertura a una mayor participación femenina. 




Posteriormente, acontecimientos mundiales darían mayor impulso a esta tendencia, viéndose Venezuela inmersa en esta nueva corriente. Se trata del período histórico que se abre a partir del fin de la segunda guerra mundial, con una humanidad golpeada por las secuelas de la misma y estremecida por la pérdida de alrededor de cuarenta millones de seres humanos, la mayoría varones. 

El mundo del trabajo requiere brazos para avanzar, los cuales cambiarían de sexo y desde entonces, las mujeres han sido capaces de acometer cualquier trabajo, incluso aquellos donde jamás se hubiese sospechado su presencia y su actividad. 

Occidente quedó partido en un antes y un después. La necesidad de producción, de recuperación de la renta capitalista, de los centros de trabajo, pasó la página y aceptaron a las mujeres. 



La situación comienza a cambiar de manera mas drástica con lo que se conoce como la tercera ola del feminismo o movimiento de liberación de las mujeres, que ocurre en los años sesenta, cuando habrá una presencia cada vez más abundante y firme de mujeres en los espacios públicos. 
Es así como la incorporación a la educación universitaria es un fenómeno que comenzaría a avanzar en los años 60 del siglo pasado y en algunas carreras como ingeniería, en los años 70 u 80. Esta poca participación femenina está asociada a la educación formal e informal recibida por las mujeres durante siglos. 

A juicio de muchos investigadores, la entrada de las mujeres en las universidades venezolanas empezó tarde pero rápido, de forma que para finales del siglo XX y principios del XXI la tasa de graduación en diferentes carreras de las mujeres alcanza y en muchos casos supera a la de los hombres, generando lo que se conoce como feminización de la universidad, fenómeno recurrente no sólo en países del primer mundo sino en Venezuela y América Latina, lo que actualmente es objeto de varios estudios. 



Las consecuencias de esta feminización trae ventajas pero también inconvenientes. Las investigaciones recientes indican que no solamente la mujer venezolana estudia más que el hombre, sino que gradualmente está asumiendo obligaciones que, tradicionalmente se le asignaban al género masculino, entre ellas la jefatura del hogar; situación que se complica con otras problemáticas relacionadas con la remuneración salarial recibida en comparación con hombres que ocupen el mismo cargo y -sobre todo-  la asunción de cargos directivos y de liderazgo. 

Lea: Situación de las mujeres en Venezuela, entre avances y retrocesos




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Fuentes consultadas:
Emma D. Martínez Vásquez. Mujeres en educación y trabajo en Venezuela: Un largo recorrido que no termina.  Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. (http://www.scielo.org.ve).
Carlo Caputo, Domingo Vargas y Jaime Requena. Desvanecimiento de la breca de género en la universidad venezolana. (http://www.interciencia.org).






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